Antes de crear curiosidad e interés en los más jóvenes por aprender, debemos de conocer cuál es el esquema natural de la secuencia de aprendizaje en el niño.

GENERAR CURIOSIDAD – QUE DESPIERTA INTERÉS – SE PRODUCE EL APRENDIZAJE

Cuando desde el sistema educativo tradicional se aborda el tema de aprender algo complejo la fórmula utilizada es bien distinta, y es una combinación de dos acciones:

  1. Dividir la realidad en elementos más simples. Suponemos que es más fácil aprender estos elementos uno a uno que captar la realidad compleja de golpe.
  2. Suministrar al que aprende gran cantidad de información teórica que, suponemos, le permitirá afrontar con éxito la comprensión del sistema complejo.

Creo que un análisis objetivo de los resultados cosechados con estas acciones nos lleva a plantearnos cosas más negativas que positivas.

  • Dividir la realidad en elementos simples la hace más fácil de asimilar, pero con el excesivo coste de perder ‘el sentido’. El alumno aprende esos elementos de forma mecánica y no es capaz de situarlos en un esquema global. El aprendizaje se convierte en algo mecánico, rutinario y carente de significado.

En este contexto es muy difícil conseguir el nivel de compromiso y motivación necesarios para que los resultados sean los deseados.

  • Conocer mucha información sobre algo no es lo mismo que saber hacerlo. Utilizando una metáfora: lo que queremos conseguir es que el alumno aprenda a patinar y disfrute patinando. Esto no lo podemos hacer solamente enseñando muchas cosas sobre el patinaje.

La alternativa a esta fórmula se me ofreció hace unos años participando en unas jornadas sobre innovación educativa en las que participaba como ponente el profesor David Perkins, uno de los colaboradores de Howard Gardner y creador del modelo educativo denominado Making Learning Woole. De él surgen los conceptos aprendizaje significativo y aprendizaje pleno.

La idea que le servía de arranque me resultó muy curiosa: una metáfora de cómo aprendió a jugar al béisbol (el deporte más popular en su país) cuando tenía cuatro o cinco años.

Veamos este planteamiento

El béisbol es un deporte complejo que requiere unas determinadas instalaciones, un terreno de juego de unas dimensiones específicas, nueve jugadores por equipo, además de otros elementos (bates, guantes, botas….) Existen en el juego multitud de reglas, y los jugadores tienen que aprender y trabajar movimientos, tácticas y estrategias que les serán necesarias para sacar adelante los partidos. ¿Cómo aprenden los niños norteamericanos (el propio Perkins) a jugar? Pues de una forma bastante parecida a como aquí aprenden a jugar a fútbol o a baloncesto: en la calle, o en el patio de sus casas o su colegio, con equipos reducidos, sin necesidad (en principio) de un terreno de dimensiones reglamentarias…. Se aprende a través de lo que él llama ‘versión junior’: una reproducción de la estructura general, pero sin tener todos los detalles, toda la complejidad.

Está claro que para que un niño juegue en un equipo y participe en un campeonato, quedarse en esta ‘versión junior’ no es suficiente. Habrá que enriquecer este modelo esquemático incorporando todos los elementos que dotan al juego de su complejidad, pero se hará sobre un armazón, un esqueleto que permitirá siempre tener una idea general de lo que se hace y, lo que es igualmente importante, disfrutar haciéndolo.

Este modelo es el que se desarrolla de forma espontánea para que los alumnos aprendan a practicar cualquier deporte, y resulta bastante eficaz.

Si analizamos esta fórmula con una perspectiva abierta veremos que constituye una alternativa bastante eficaz a cómo afrontamos en el sistema educativo el reto de que los estudiantes se enfrenten con el aprendizaje de lo complejo desde una postura curiosa y motivadora.

Y tú, ¿cómo haces para generar el interés en tu hijo por aprender? Coméntanos en redes sociales y forma parte de nuestra comunidad online.