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La época que nos ha tocado vivir viene caracterizada no sólo por el cambio, sino por la velocidad de este. Es aquí donde entra el debate, ¿cómo se relacionan educación y tecnología y cómo pueden unirse para que ambas sumen?

En este contexto, incluso siendo muy dinámico, es posible que haya momentos en los que los cambios te atropellen y tengas que hacer un esfuerzo para reciclarte, es decir para actualizar tus conocimientos

Pero si lo que estás aprendiendo está al margen de esta evolución, no es que la novedad te coja con el pie cambiado, es que vas corriendo en la dirección contraria.

Hay cosas que las vemos muy evidentes. Cuando yo estudiaba bachillerato te enseñaban a calcular los logaritmos y las razones trigonométricas usando tablas, ahora cualquier chaval que necesite calcularlos lo hace utilizando una calculadora científica. ¿Tendría sentido que un profesor de matemáticas se empeñase en que sus alumnos siguiesen utilizando las tablas?¿Qué pensaríamos de un profesor que defendiese que hay que seguir trabajando con las tablas porque siempre se ha hecho así?

Es una realidad que el cambio siempre ha estado presente y también que ha habido quien se resiste a incorporarlos al sistema. Las dinámicas de estudio están cambiando.

Pero lo realmente distinto de la situación en la que vivimos ahora es que no se trata de sustituir un instrumento (la tabla) por otro más eficaz (la calculadora), sino que los nuevos medios son tan potentes que cambian las reglas del juego y la jerarquía de valores

Hace un tiempo, en una reunión de amigos escuché el comentario, en tono de broma, que los smartphone con su acceso continuo a internet, habían acabado con algo tan divertido como una `buena discusión´, porque siempre había alguien que sacaba el móvil y buscaba el dato. Esta anécdota hace patente un cambio en las reglas del juego. El conocer los datos de antemano, y retenerlos en tu memoria, ya no tiene importancia. Ninguna memoria puede competir con la cantidad de datos a los que accedes desde un simple dispositivo de telefonía. Por lo tanto, el esfuerzo habría que destinarlo a algo más útil.

Hablando de la utilización de dispositivos tecnológicos se me ocurre un caso muy en la línea de lo que hablamos: hasta mediados del siglo XX, una de las habilidades que se exigía a un buen contable era la capacidad de realizar sumas de grandes columnas de cifras con rapidez y precisión. Esta habilidad quedó superada cuando empezaron a utilizarse sumadoras mecánicas. Por cierto, muchos de estos contables de la vieja escuela se resistían al uso del artefacto mecánico argumentando que nunca serían tan precisos, e incluso tan rápidos, como un profesional concentrado y bien entrenado. Por supuesto, a la vista está lo que sucedió. Preguntémonos ahora qué posibilidades de competir tendría uno de estos hábiles sumadores, no con una sumadora de manivela, sino con una hoja Excel. Y no es que los contables dejasen de ser necesarios con la aparición de nuevos recursos técnicos, sino que se requería de ellos nuevas habilidades, y por lo tanto nueva formación y entrenamiento.  

Y este es el tema que quería plantear. Cuando hablamos de la incorporación de la innovación tecnológica no se trata de sustituir un instrumento (el libro de papel) por otro (el ordenador). Lo que es realmente significativo no es leer una información en un folio, o leerla en una pantalla, sino que la incorporación de la innovación supone variar los criterios y la jerarquía del aprendizaje.

Voy a tratar de explicar esto de una forma gráfica: 

Hay profesores que se quejan de que los alumnos no realizan los trabajos sobre las lecturas obligatorias. Cuando mandamos realizar un trabajo sobre un libro el alumno se dirige a una de las páginas web de uso más común (por ejemplo ‘el rincón del vago’) y descarga un trabajo ya hecho que no se molesta ni en leer. Imprime este trabajo (que puede seleccionar entre distintas ofertas según la extensión exigida por el profesor) y lo entrega. El profesor tendría que leer y evaluar un montón de folios que sus alumnos no han realizado. ¿No tendría más sentido, en lugar de quejarse, cambiar el modelo y criterio del trabajo? Se me ocurre que se podría pedir al alumno que realizase una presentación, usando distintos materiales y que la defendiese directamente delante del grupo. Este cambio supondría el uso de elementos de innovación tecnológica y desarrollo de habilidades que, al contrario de lo que sucede con muchas de las que ahora valoramos, sí les van a ser útiles y necesarias. Aparte de que esa forma de trabajar resultará a los alumnos mucho más motivadora, más conectada con su mundo.

En resumen, introducir la innovación tecnológica en el sistema educativo no consiste solamente en dotar a los centros de ordenadores y conexiones a la red, sino que es una revolución mucho más profunda en cuanto a la valoración y la jerarquía de lo que enseñamos, así como la forma de evaluarlo.

En la Residencia Formando SFJ intentamos aplicar este nuevo modelo de enseñanza para que tanto los formadores como los alumnos estén más implicados en la sociedad que nos rodea.