Es evidente que la práctica deportiva y la actividad física equilibrada mejora nuestra salud y nuestro estado físico general pero, más allá de esto, cabe preguntarse si el deporte también mejora nuestra disposición para la actividad intelectual y la búsqueda de conocimientos.

Si buscamos en la historia y nos remontamos a uno de los pilares de nuestra cultura, los filósofos griegos consideraban una parte fundamental de la educación la disciplina y el dominio del cuerpo que nos proporciona el deporte.

Según ellos, no podía desarrollarse la razón que te conecta con el conocimiento si antes no has logrado el equilibrio físico que te proporciona esta actividad. El conocido lema Mens sana in corpore sano es la exposición literal de este principio.

Siguiendo esta premisa, resulta obvio decir que el estado físico general y equilibrado que proporciona la práctica deportiva beneficiará cualquier actividad que desarrollemos, incluido el estudio.

Los conceptos básicos que proceden del mundo del deporte y la competición se exportan en la actualidad al ámbito académico, al empresarial y al laboral. Podemos encontrar múltiples ejemplos:

  • La idea de coaching que de forma bastante generalizada se aplica tanto en el ámbito empresarial, como últimamente en el académico parte del perfil que se asigna al entrenador (coach) en mundo del deporte.
  • El modelo de aprendizaje que propone David Perkins parte de la idea de que hay que aprender siempre desde la creación de lo que él llama una versión junior: igual que cuando aprendemos de niños a practicar un deporte complejo en el juego callejero.

 

Los pasos que propone para el aprendizaje serían:

  1.  Juega todo el juego.
  2. Haz que valga la pena jugarlo.
  3. Trabaja las partes difíciles.
  4. Juega fuera de la ciudad.
  5. Descubre el juego escondido.
  6. Aprende del equipo y de otros equipos.
  7. Aprende el ‘juego del aprendizaje’.
  • En nuestro país, conocidos exdeportistas de élite  en la década 80-90 y también entrenadores de élite, han desarrollado modelos en los que se exportan los valores y técnicas desarrollados en el mundo de la competición deportiva al mundo de la empresa, el emprendimiento y el conocimiento.

Resumiendo, la práctica deportiva habitual no sólo nos beneficia por la obtención de un deseable equilibrio físico-mental, sino por el aprendizaje de esquemas de trabajo y valores plenamente utilizables en el ámbito educativo y profesional.