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La elección entre distintas opciones de formación es una de las grandes preocupaciones tanto de los estudiantes como de sus padres. Esta preocupación se pone de manifiesto al terminar cada etapa educativa con muchos interrogantes.

Al terminar la enseñanza obligatoria, ¿es mejor elegir bachillerato o FP?, si he hecho bachillerato, ¿qué es mejor, hacer la EBAU y estudiar un grado universitario, o bien optar por un ciclo formativo superior de FP?, a la hora de elegir una opción formativa, ¿es mejor elegir lo que te gusta, o lo que tenga “más salidas”?

Desde mi experiencia como Jefe de Orientación llevo muchos años recibiendo estas consultas, tanto de estudiantes como de sus padres, y la única respuesta que existe es que NO existe una “respuesta universal” que sea válida para todos los casos y en todas las ocasiones.

Todas las opciones plantean un conflicto entre ventajas e inconvenientes y decantarse por una u otra depende de la jerarquía de valores de cada individuo. Así mismo, las circunstancias de cada uno son diferentes.

 

El futuro de la educación

Si esto siempre ha sido así, el momento actual añade una dificultad, el siglo XXI nos ha traído una situación en la que, no es que “en el mundo haya cambios”, sino que “el cambio es el mundo”. No es un trabalenguas: en un estudio que se realizó en USA hace casi una década se planteó que de los diez perfiles profesionales más demandados en 2010, seis no existían en 2006. Es decir, usando los calendarios, la formación para esos perfiles no era posible planteársela cuando “los candidatos” a ellos comenzaban su etapa universitaria.

Todo esto es cierto, pero también lo es que no sería ni honesto ni profesional que los encargados de la orientación vocacional recurriéramos a la fórmula “la única respuesta a esa cuestión es que no hay ninguna respuesta” adaptando a la situación el “sólo sé que no sé nada” de Sócrates. Por eso, siguiendo al mismo filósofo, voy a tratar de usar su “fórmula”: no dar una respuesta única, sino aportar cierta luz para que cada uno encuentre la suya.

 

Recomendaciones para elegir la mejor opción

La primera indicación es que, en un mundo cambiante como es el actual, la mejor opción es la que más puertas abra, la que más opciones de futuro nos permita. 

La segunda sería que el estudiante debe planificar su formación de forma que pueda adaptarla a los cambios y las exigencias del mundo al que debe incorporarse laboralmente. Esto parece simple, pero tiene cierta complejidad: al estudiante se le va a exigir especialización a la hora de encontrar un trabajo, pero si su formación es muy especializada corre el riesgo de quedarse “fuera de juego” ante los cambios. Por lo tanto, la formación ideal sería aquella que tiene un “tronco” general al que se pueden añadir formaciones más específicas (y más cortas) que le permitan adaptarse a las exigencias de cada circunstancia.

La imagen gráfica de esto sería una herramienta (cómo una llave eléctrica) que tiene un mango y un motor común y distintos cabezales que vamos intercambiando según tengamos que apretar un tornillo o una tuerca diferente.

Con esto que hemos dicho queda claro que pienso que, siempre que las circunstancias lo permitan, el bachillerato debe formar parte de esa formación porque cumple las dos condiciones: es la opción que más puertas abre (da acceso tanto a los grados universitarios como a la FP de grado superior), y forma parte de esa formación generalista que, creo debe formar parte del “mango y el motor” de la herramienta que debe ser la formación.

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