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¿Cómo ha afectado la pandemia al sistema educativo?

Es evidente que los daños directos causados por la pandemia que padecemos han sido, y siguen siendo, dolorosísimos y muy costosos de asimilar. Pero, ¿cómo ha afectado la pandemia al sistema educativo?

Principales efectos de la pandemia

  • El primero de estos daños directos es, evidentemente, el coste en vidas y en la salud de las personas. Este es, en principio, el más doloroso. 
  • El segundo daño es el causado en la economía, la forma de trabajo y las posibilidades de subsistencia de las personas.

Este segundo daño que, en principio, está en un segundo plano frente al coste en salud y vidas humanas, puede a medio plazo, ir convirtiéndose en la primera preocupación.

Esto no es porque nos insensibilicemos y dejen de importarnos la salud y la vida de las personas, sino porque mientras estos daños, muy alarmantes y dolorosos, una vez lleguen los tratamientos y vacunas, quedarán localizados en un porcentaje determinado de la población, los daños económicos y laborales amenazan con extenderse como una “mancha de aceite” a prácticamente la totalidad de la población, y sus consecuencias se pueden extender en el tiempo mucho más allá.

Está claro que en la forma de afrontar la situación provocada por la pandemia hemos cometido muchos y graves errores, tanto en el ámbito individual y personal como en el ámbito colectivo e institucional. 

Es algo bastante lógico y esperable ya que se presentó un escenario totalmente nuevo e inesperado, que tenía muy poco parecido con situaciones conocidas y donde, además, el panorama evolucionaba de un día para otro.

¿En qué hemos podido fallar?

Uno de los errores más significativos que se cometieron (aquí incluímos actitudes personales y decisiones gubernativas) ha sido abordar la solución del problema con un criterio de “guerra relámpago”, tratando de resolverlo con actuaciones muy drásticas, esperando “reconducir la situación” (ganar la guerra) en muy poco tiempo. 

El problema que ahora nos encontramos es que la situación no se ha resuelto en unos meses, y por otro lado esas medidas muy drásticas (confinamiento total de la población, paralización total de la economía, cierre de colegios….) no se pueden mantener mucho tiempo sin correr el riesgo de provocar daños irreversibles en el sistema.

Otro de los errores es el que se ha dado en el sistema educativo. ¿Qué ocurrió en el ámbito escolar?

Aquí se actuó como cuando los niños pequeños juegan al escondite: “cierro los ojos para que no me vean”, “si yo no veo, nadie puede verme”. Esto traducido sería, “si no hay suspensos o repeticiones de curso, la pandemia no ha causado problemas en la educación”. 

Nadie discute que ante el problema que se presentó de golpe, había que establecer soluciones de urgencia que resultaban imperfectas e incompletas, pero que eran las únicas posibles en ese momento. También está claro que, al igual que pasa en la economía donde el problema inmediato no es incurrir en deuda, sino mantener el sistema funcionando y luego ir pagando esta deuda poco a poco, en educación debemos asumir la “deuda en conocimiento” e ir solventándola poco a poco. 

Pero esto no quiere decir que la deuda no exista.

Porque es evidente que, a día de hoy, no podemos sustituir las clases presenciales por las telemáticas con el mismo formato. 

Si queremos tener un sistema alternativo tenemos que reformar profundamente la estructura de ese sistema. También es necesario asumir que las medidas que se tomaron el curso pasado han creado “agujeros” en la formación, secuelas de la situación, que es necesario corregir. 

Si no se actúa de forma clara en ese sentido, ya sea a nivel institucional, o, probablemente más eficaz, a nivel de cada centro de enseñanza, nos encontraremos con dos escenarios bastante indeseables: 

  • El primero un posible fracaso estrepitoso de alumnos que, habiendo promocionado con grandes déficits el curso pasado constaten su situación real al “normalizarse la evaluación” este curso. 
  • El segundo escenario es repetir la situación de “cerrar los ojos para que no nos vean” y mantener la ilusión de que no hay problema, y entonces tendríamos una “generación perdida” como secuela de la pandemia.

La buena noticia es que, a nivel individual de los centros, se pueden establecer acciones eficaces para corregir la situación, y, nos consta que se está haciendo en muchos centros.

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